Consultar el catálogo y el precio
Qué hay esta semana, qué caja corresponde a un hogar y cuánto cuesta. El precio siempre viene del catálogo vigente; el agente no lo calcula ni lo redondea.
Cada mensaje que entra abre un turno: se arma el contexto, el modelo llama herramientas tipadas, los guardrails revisan la salida y los efectos que duran más que la conversación se van a un workflow durable. Haz clic en cualquier mensaje del hilo.
La primera respuesta no muestra precios. Pregunta el tamaño del hogar, porque de ahí sale la recomendación honesta de caja. El agente carga el catálogo de la semana y las cajas disponibles antes de responder, así que si algo se agotó no lo ofrece.
Sin cifras en el primer turno: el precio sin contexto de tamaño produce la comparación equivocada.
El agente no razona sobre precios ni sobre geografía: los consulta. Cada capacidad pega contra el sistema real y devuelve un resultado tipado, o no devuelve nada.
Qué hay esta semana, qué caja corresponde a un hogar y cuánto cuesta. El precio siempre viene del catálogo vigente; el agente no lo calcula ni lo redondea.
Si una dirección cae dentro de la cobertura, con qué tarifa y qué día. Se resuelve contra geometría real, no contra una lista de nombres de barrio.
Crear el pedido, cambiar la fecha, ajustar el contenido, emitir o reactivar un cobro, registrar un comprobante. Las mismas operaciones que usa el equipo desde el panel.
Anotar lo prometido, programar un recordatorio para después y dejar constancia en el pedido. Nada de esto depende de que alguien se acuerde.
La regla que gobierna todo: si la consulta no sabe algo, devuelve vacío y el agente dice que falta confirmarlo. Nunca rellena el hueco por su cuenta. Ahí se decide si un sistema así se puede poner frente a un cliente.
El agente casi solo escala por su cuenta cuando una dirección queda fuera de zona. Lo que sí pasa seguido es que un operador humano decide entrar. No es que el agente falle: es que el dueño del negocio quiere el control cuando hay dinero o una queja en juego.
Lo interesante es el regreso. Cuando el humano suelta la conversación, un modelo destila qué pasó en un debrief estructurado — qué se prometió, qué cambió, qué ya se respondió, qué quedó abierto — y ese debrief se inyecta en todos los turnos siguientes. El agente nunca vuelve a preguntar algo que el humano ya resolvió.
Cambiar un prompt es fácil; saber si el cambio ayudó es el trabajo. Por eso existe una suite de casos dorados minados de conversaciones reales, que corre contra la configuración de producción antes de que un cambio salga.
Cuando una conversación revela una forma nueva de equivocarse, ese hilo se convierte en un caso de la suite. No inventamos escenarios de laboratorio: lo que se prueba es lo que ya pasó frente a un cliente.
Lo mecánico —que la salida valide contra el esquema y que ninguna invariante de seguridad se rompa— se verifica en código y no admite matices. Lo cualitativo —tono, fundamentación, si la conversación avanzó— lo revisa un juez modelo y lo leemos nosotros.
Como cada respuesta guarda la versión del prompt y del modelo que la produjo, una caída en la suite se atribuye a un cambio concreto en vez de quedar como una sensación de que «el bot está raro».
Cubre los caminos que ya nos costaron algo y deja fuera muchos que todavía no conocemos. Es la diferencia entre saber que mejoramos y creerlo, no una garantía.